El papel de la filantropía en el fortalecimiento de la relación entre Estados Unidos y México
Reflexiones de la Cumbre MAPA 2026 en la Ciudad de México
La relación entre Estados Unidos y México está determinada por mucho más que el comercio, la migración y las políticas gubernamentales. También está moldeada por las comunidades de la diáspora, la sociedad civil, la filantropía, las empresas, los líderes culturales y los vínculos que conectan a las personas a través de las fronteras.
Construir puentes más sólidos para que estos sectores trabajen juntos fue el eje central de la Cumbre MAPA 2026, celebrada en julio pasado en la Ciudad de México. La Cumbre reunió a más de 150 participantes de México y Estados Unidos, entre ellos funcionarios electos, líderes de los Caucus Latinos de más de 10 estados, defensores de organizaciones sin fines de lucro, representantes de la filantropía y líderes empresariales. A lo largo de tres días, los participantes exploraron temas como el comercio, la migración, el desarrollo de la fuerza laboral, las elecciones, la educación y el crecimiento sostenible, además de generar espacios para el intercambio cultural y la creación de vínculos.
Como orgullosos patrocinadores de la Cumbre MAPA 2026, también tuvimos el honor de moderar una conversación con líderes filantrópicos: "El papel de la filantropía en el fortalecimiento de la relación entre Estados Unidos y México". Nos acompañaron Arturo Carmona, Presidente de la Alianza de Política México-Americana, y Ximena Andión, Directora Regional para México y Centroamérica en la Fundación Ford, quienes aportaron perspectivas que enmarcaron la discusión tanto en la política como en la práctica filantrópica. Juntos, convocamos a fundaciones que trabajan en México para reflexionar sobre cómo podría ser un ecosistema filantrópico binacional más sólido.
Nuestra conversación se diseñó para comenzar escuchando. Junto con Arturo y Ximena, preguntamos a los líderes filantrópicos en qué están enfocados, si su trabajo ya incide en la relación entre Estados Unidos y México, qué inquietudes tienen sobre el panorama binacional, y qué tendría que suceder para que se sintieran seguros de explorar una colaboración más profunda.
El encuentro dejó al descubierto un hilo conductor importante: ya existe una actividad filantrópica binacional significativa. La oportunidad está en hacer que ese ecosistema sea más conectado, visible, confiable y estratégico.
Veinte fundaciones, muchas preguntas compartidas
Aproximadamente 20 fundaciones que trabajan en México participaron en la conversación. Muchos de los participantes revelaron que ya estaban involucrados en trabajos con una dimensión binacional o transfronteriza, particularmente enfocados en migración, comunidades fronterizas, filantropía transfronteriza, intercambio de conocimiento y colaboración internacional.
Algunas fundaciones están otorgando becas a estudiantes mexicanos para estudiar en el extranjero, en especial en campos relacionados con la salud, respondiendo a vacíos en habilidades especializadas y acceso al idioma.
Otras están trabajando en los derechos al agua y el acceso comunitario a este recurso, incluyendo esfuerzos para proteger a las comunidades de la concentración y el acaparamiento corporativo de los recursos naturales.
Las fundaciones también están invirtiendo en arte y cultura, reconociendo su importancia para la identidad y la conexión comunitaria.
Y algunas están apoyando a comunidades de retorno, incluyendo esfuerzos para proteger los bienes y el patrimonio que las personas han construido en Estados Unidos, pero al que pueden perder acceso cuando son deportadas o regresan a México.
Si bien estos son solo algunos ejemplos, la conversación abarcó una gama de temas que incluyó salud y formación médica, educación, desarrollo económico, migración, sociedad civil, clima, derechos humanos y participación cívica. Estos ejemplos ilustran un punto importante: los problemas que afectan a las comunidades en México y Estados Unidos suelen estar interconectados, aun cuando las instituciones filantrópicas estén estructuradas en función de fronteras nacionales.
Construyendo la infraestructura para la filantropía binacional
Uno de los retos más claros que surgió durante la conversación fue la fragmentación. No falta actividad filantrópica, sino conexión entre los esfuerzos que ya existen.
También se planteó el reto del entorno fiscal y regulatorio que rodea a la filantropía transfronteriza. Por ejemplo, la ley mexicana impone restricciones a las entidades filantrópicas autorizadas para realizar donaciones fuera del país. Esto significa que las fundaciones mexicanas que buscan apoyar trabajo transfronterizo no siempre pueden transferir recursos filantrópicos directamente a organizaciones en otros países. Los participantes señalaron que la patrocinación fiscal (fiscal sponsorship) y otros mecanismos intermediarios han sido fundamentales para facilitar la colaboración.
Pero la conversación dejó claro que el reto no se limita a mover dinero. También necesitamos construir las relaciones que permitan que el dinero, el conocimiento y las ideas se muevan a través de las fronteras. La confianza surgió específicamente como una infraestructura esencial: confianza entre financiadores, pero también con las organizaciones comunitarias e intermediarios que pueden facilitar los esfuerzos filantrópicos.
Una de las principales conclusiones de la conversación fue que muchas fundaciones no conocían lo suficiente el trabajo de las demás. También hubo un conocimiento limitado sobre las organizaciones filantrópicas con sede en Estados Unidos que trabajan en temas similares.
Esa brecha de conocimiento es significativa. Si los financiadores no saben quién está trabajando en temas relacionados, se vuelve más difícil identificar oportunidades de colaboración, compartir aprendizajes, coordinar inversiones o construir estrategias complementarias.
Crear oportunidades para que los financiadores se conozcan entre sí no es simplemente un ejercicio de networking. Es parte de construir la infraestructura para una filantropía más sólida a través de las fronteras, en lugar de pensar que necesitamos crear una infraestructura completamente nueva desde cero.
Antes de que pueda haber inversiones compartidas, debe haber un entendimiento compartido. Antes de que pueda haber estrategias binacionales, debe haber relaciones. Y antes de que pueda haber confianza, debe haber oportunidades para escuchar y aprender unos de otros.
De la conversación a la conexión
El encuentro no concluyó con compromisos formales de financiamiento. En cambio, los participantes expresaron interés en continuar la conversación y crear más oportunidades para construir relaciones.
Entre las posibilidades que se discutieron se encuentran:
- Futuros encuentros entre pares para que los líderes filantrópicos sigan aprendiendo unos de otros.
- Viajes de estudio que podrían conectar a fundaciones mexicanas con sus contrapartes filantrópicas en Estados Unidos.
- Vínculos más fuertes entre redes de donantes, fundaciones comunitarias y otra infraestructura filantrópica existente en México y Estados Unidos.
- Oportunidades para que MAPA y sus socios faciliten estas conexiones y ayuden a las fundaciones a comprender mejor el panorama filantrópico de ambos lados de la frontera.
Estos próximos pasos podrían ser el comienzo de algo más grande.
Un viaje de estudio, por ejemplo, puede convertirse en mucho más que un intercambio de ideas. Puede ayudar a los financiadores a ver el trabajo de otros de primera mano, desarrollar confianza, identificar prioridades compartidas y crear relaciones que eventualmente puedan derivar en una colaboración más profunda.
La filantropía como puente
Para HIP, esta conversación refleja una convicción más amplia: construir y financiar el poder latine requiere que reconozcamos las conexiones que ya existen a través de las fronteras.
Las comunidades latine no se definen por una sola geografía. Las familias, las culturas, las ideas, los recursos, los negocios y los movimientos se han desplazado durante mucho tiempo entre México, Estados Unidos, América Latina y el Caribe. También implica reconocer que estas conversaciones se dan dentro de un entorno complejo para la sociedad civil. Existe un panorama cambiante en materia de derechos humanos, justicia climática, violencia y desapariciones forzadas, así como las realidades que dan forma al trabajo comunitario en distintos territorios.
Nuestros sistemas filantrópicos necesitan reflejar mejor esas realidades para que los recursos, el conocimiento y las relaciones puedan moverse a través de las fronteras.
Esto significa invertir en liderazgos con raíces locales. Significa crear espacios donde los financiadores puedan compartir conocimiento en lugar de operar de manera aislada. Y significa reconocer que la filantropía tiene un papel que desempeñar en el fortalecimiento de los vínculos cívicos, económicos y sociales más amplios que dan forma a la relación entre Estados Unidos y México.
La Cumbre MAPA creó un espacio importante para esa posibilidad.
Agradecemos a MAPA, a la Fundación Ford, a todos nuestros aliados filantrópicos y a los líderes que nos acompañaron en Ciudad de México por aportar curiosidad, experiencia y apertura.
No existe una solución única para construir una colaboración binacional más sólida. Pero hay un primer paso importante: reunir a las personas que ya están haciendo el trabajo.
Y ahí es donde comienzan los puentes.
¿Te interesa explorar la filantropía transfronteriza o conectar con HIP sobre este trabajo? Contacta a Gracia Goya, Vicepresidenta de Alianzas y Desarrollo para América Latina de HIP, en [email protected].