Sostener la Esperanza, Tender Puentes: Un Llamado a la Re-existencia Colectiva
Por: Andrea Villaseñor de la Vega, Directora Migraciones Latinoamérica
Después de siete ediciones del Foro de Donantes de Centroamérica (CADF), cada una me parece más urgente que la anterior. Año tras año recuerdo lo necesarios que son estos espacios de encuentro, donde colectivas, organizaciones de la sociedad civil, actores de la cooperación internacional y la filantropía se reúnen no solo para intercambiar ideas, sino para compartir propósito.
Durante la plenaria de cierre de este año, quienes facilitaban propusieron un pequeño pero poderoso ejercicio. Le pidieron al público que levantara la mano si se sentían con más esperanza al finalizar el evento. Luego, que se pusieran de pie si habían establecido algún nuevo contacto. Finalmente, que colocaran una mano sobre el corazón si se iban con algún proyecto o iniciativa más concreta. Aproximadamente la mitad de las personas reaccionaron a alguna de las tres invitaciones.
Esa imagen se me quedó grabada. Me impresiona que, a pesar de un año tan complejo—lleno de incertidumbre, con recursos cada vez más limitados y con nuevas amenazas a lo más esencial de nuestras misiones—tantas personas aún conservan la esperanza. Siguen eligiendo conectar. Soñar. Y, sin embargo, pienso que si hubiéramos hecho ese mismo ejercicio el año pasado, quizás muchas más manos se habrían levantado.
El CADF sigue siendo un espacio donde la gente llega con ganas de tejer alianzas y fortalecer su propósito. Pero también se percibe cierto cansancio—nacido de tantas preguntas sin respuesta y de la falta de soluciones sistémicas. Por eso, creo que nuestro trabajo colectivo debe centrarse en buscar nuevas respuestas y construir más alternativas. El mundo tal como lo conocemos está cambiando, y quizá ha llegado el momento de aprender a soltar—para abrazar otras formas de hacer, de ser, de dar.
En Hispanics in Philanthropy (HIP) creemos que reimaginar la filantropía implica conectar la justicia migratoria con los ecosistemas globales de cooperación y donación. Significa reconocer que la migración no se trata solo de movimiento, sino también de interdependencia, de pertenencia y de re-existencia. A lo largo de las Américas, vemos personas y organizaciones que no sólo resisten, sino que crean, imaginan y sostienen nuevos mundos contra todo pronóstico.
La filantropía debe estar a la altura de esa energía. No unas pocas personas, sino muchas, y mucho más audaces. Porque mientras en los territorios la gente sigue poniendo el cuerpo, el trabajo y la esperanza en la lucha por la dignidad, la filantropía tiene la responsabilidad —y el privilegio— de acuerpar esas luchas.
Como me recordó una amiga recientemente, no se trata solo de resistir, sino de re-existir.
Esa es la invitación: tender puentes a través de las Américas, desde la justicia, la imaginación y el cuidado colectivo.